Hay sucesos que, incluso siglos después, siguen provocando la misma sensación que debieron sentir quienes los presenciaron: asombro, desconcierto y una inquietante pregunta flotando en el aire. ¿Qué fue exactamente lo que vieron? El evento ocurrido en el amanecer del 14 de abril de 1561 en Núremberg, Alemania, es uno de esos casos que se resiste a cualquier explicación sencilla. Una visión tan extraordinaria que muchos historiadores aún hoy no se ponen de acuerdo sobre lo que realmente sucedió. Y quizá lo más perturbador es que, cuanto más se revisan los testimonios y grabados antiguos, más parece que aquel amanecer presenció algo que no encaja del todo con los fenómenos naturales.
Un amanecer que nadie olvidó
Todo ocurrió entre las 4 y las 5 de la mañana, cuando la ciudad dormía y sólo unos pocos madrugadores estaban despiertos. Según los registros de la época, un grupo creciente de habitantes comenzó a mirar al cielo, primero por curiosidad… luego con un temor que se convirtió casi en pánico. Aquello no se parecía a nada que hubieran visto antes. Decenas —y luego cientos— de objetos parecían sobrevolar la ciudad, moviéndose de forma caótica, chocando entre sí y dando la impresión de estar librando algún tipo de combate aéreo.
La descripción más completa de lo ocurrido fue hecha por el artista Hans Glaser, quien no sólo lo narró, sino que lo ilustró en un grabado para la Gazetta de Núremberg. Su testimonio es tan detallado que hoy lo consideraríamos casi una crónica de avistamiento ovni: cruces flotantes, esferas multicolores, cilindros, tubos, ruedas brillantes… todos ellos moviéndose de manera que desafiaba cualquier explicación humana conocida en ese tiempo.
Glaser relató que las formas aparecieron rodeando al sol, creando la imagen de una batalla que se desenvolvía justo delante del amanecer. Habló de “dos arcos semicirculares rojo sangre”, de una “bola redonda de color ferroso”, de “esferas rojas, negras y opacas”, algunas agrupadas en filas, otras en cuadrados perfectos. Y entre ellas, cruces y estructuras alargadas que parecían interactuar unas con otras, como si estuvieran organizadas en bandos.
La supuesta batalla en el cielo
Lo que verdaderamente marcó este episodio —y lo diferencia de cualquier fenómeno óptico natural— es que los objetos no se mantuvieron estáticos. Glaser describe algo parecido a un combate:
los globos parecían avanzar unos contra otros, chocaban, retrocedían, giraban en direcciones inesperadas y después volvían al ataque. Esta dinámica se prolongó durante más de una hora, un tiempo demasiado largo para que se trate de un simple efecto atmosférico momentáneo.
Cuando la “batalla” alcanzó su punto más intenso, muchos objetos comenzaron a caer desde el cielo “como si ardieran”, consumiéndose en columnas de humo que, según los testigos, podían verse incluso desde las afueras de Núremberg. Y cuando todo terminó, apareció en el cielo una inquietante forma alargada, descrita como una “lanza negra enorme”, suspendida en horizontal sobre la ciudad. Nadie supo interpretar aquello y Glaser concluyó su relato diciendo: “cualquiera que sea su significado, sólo Dios lo sabe”.
¿Un fenómeno natural… o algo más?
Hoy en día, la explicación más aceptada por los especialistas en óptica atmosférica es que se trató de un parhelio, un fenómeno causado por la refracción de la luz solar en cristales de hielo presentes en nubes muy frías. Este efecto puede generar halos, arcos brillantes y puntos luminosos a ambos lados del sol. Sin embargo, esta teoría tiene una debilidad evidente: no explica el movimiento, la interacción entre los objetos ni la supuesta “caída” de algunos de ellos. Tampoco justifica la variedad de formas descritas ni la duración del fenómeno.
Esta falta de coincidencia con lo natural ha llevado a que el caso sea reinterpretado desde la ufología moderna. Para muchos entusiastas, el evento de 1561 representa uno de los primeros avistamientos masivos documentados de objetos voladores no identificados. Y no sólo uno, sino una especie de enfrentamiento entre ellos. La idea de una “batalla aérea de origen no humano”, aunque suene fantástica, ha ganado fuerza con el paso del tiempo debido a la gran cantidad de detalles registrados por múltiples testigos y por la precisión del grabado de Glaser.
No fue un caso aislado
Quizá lo más intrigante es que el fenómeno de Núremberg no ocurrió en solitario. Apenas cinco años después, en 1566, la ciudad de Basilea, Suiza, presenció algo parecido: orbes negros moviéndose en el cielo, enfrentándose como si fueran proyectiles vivos. Los testigos describieron cómo “se atacaban unos a otros” antes de desaparecer.
Años más tarde, en Hamburgo (1697), cientos de habitantes aseguraron haber visto dos inmensas ruedas luminosas sobrevolando la ciudad. Estos tres episodios, separados por décadas pero con similitudes inquietantes, han llevado a algunos investigadores a proponer que en aquella época hubo una oleada de fenómenos aéreos anómalos que aún no entendemos del todo.
¿Una guerra entre civilizaciones extraterrestres?
Para los escépticos, la explicación es simple: ilusiones ópticas, interpretaciones religiosas o efectos atmosféricos.
Para los creyentes, en cambio, todos estos eventos forman parte de una posibilidad más amplia y sugerente: que civilizaciones avanzadas hayan tenido presencia en nuestro cielo desde tiempos muy antiguos. Que lo que hoy llamamos ovnis no sea un fenómeno moderno, sino un visitante recurrente… o incluso un conjunto de especies con sus propios conflictos.
Sea cual sea la verdad, lo cierto es que el amanecer de 1561 en Núremberg dejó un registro que todavía hoy genera debate. Y quizá ese sea el mayor valor de este caso: nos recuerda que, incluso con toda nuestra tecnología, todavía no tenemos respuestas para todo lo que ocurre sobre nuestras cabezas.







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