La noche del 2 de noviembre 1431 marca el nacimiento del príncipe valaco Vlad III Drăculea, figura que serviría de base literaria para el vampiro aristócrata en la obra de Bram Stoker. Pero, ¿y si te dijera que el verdadero vampiro no era de noble estirpe, sino un campesino feo, sucio y de Istria? Su nombre: Jure Grando. Y su historia nos transporta a un mundo donde el horror no residía en castillos, sino en humildes aldeas.
¿Quién fue Jure Grando?
Jure Grando Alilović nació en 1579 en la aldea de Kringa, Istria (entonces bajo dominio de la Republica de Venezia)
La palabra que empleaban los locales para describirlo fue “strigon” (una versión local del vampiro/brujo).
Las apariciones nocturnas
Tras su muerte, el relato cuenta que durante 16 años Grando se levantaba de su tumba, andaba por la aldea cargando una oveja muerta en un hombro y un gato muerto en el otro, llamaba a las puertas de las casas… y los habitantes de esas casas morían poco después, "como disangrados".
Su aparición nocturna aterrorizó a la comunidad, que vivía con un miedo latente: el muerto que vuelve. En la leyenda, su viuda lo reconoció, comenta que lo vio sonriente, jadeando, y que le visitaba en la noche.
El exorcismo y la decapitación
Cuando el terror se volvió inaguantable, los vecinos decidieron abrir su tumba. Al hacerlo, comprobaron que su cuerpo no presentaba signos de descomposición, tenía buena coloración, y una mueca burlona eternizada en su rostro.
Intentaron clavarle un palito de madera en el corazón, pero éste rebotó, ¡no penetró! Entonces el cura emprendió un exorcismo, tras el cual Grando comenzó a llorar. Finalmente, uno de los hombres le decapitó con un hacha. Con ello, la leyenda dice, nunca más volvió a hacerse presente.
Sobre esta historia
Es anterior a Drácula. Muchas leyendas posteriores se centran en aristócratas vampíricos, pero el caso de Grando muestra un vampiro de pueblo, humilde, rural.
Conecta con el folclore real. Muestra que la figura del vampiro no nació —sólo— de la literatura romántica, sino de miedos reales en comunidades rurales.
Distintos tipos de vampiros. Mientras que la imagen popular suele evocar señores de castillo, capa negra y encanto aristocrático, aquí tenemos al vampiro campesino, sucio, enterrado, que regresa del más allá.
¿Y los vampiros existen?
Desde luego, si lo tomamos literal, no hay pruebas verificables de que seres muertos vivientes beban sangre humana entre nosotros hoy. Pero si lo entendemos como símbolo, el vampiro sí existe: es el miedo de los vivos ante lo desconocido, ante la muerte que vuelve, ante lo que no comprendemos.
En el caso de Grando, la aldea lo creyó tan real que lo trató como amenaza tangible, actuó contra él, lo enterró de nuevo… y la historia pasa a formar parte del imaginario colectivo.
Conclusión
La historia de Jure Grando, el “strigon” de Istria, nos recuerda que el miedo no siempre habita en los castillos ni necesita colmillos afilados para helarnos la sangre. Su leyenda, nacida siglos antes del Drácula de Stoker, demuestra que el vampiro no es solo una criatura literaria, sino un reflejo de los temores más profundos de las comunidades rurales: la muerte, la enfermedad y lo desconocido que se niega a quedarse bajo tierra.
En Kringa, la frontera entre lo real y lo sobrenatural se desdibujó tanto que los aldeanos tomaron la pala, el hacha y la fe para enfrentarse a un muerto que no quería morir. Ese gesto, mitad religioso y mitad desesperado, convirtió a Grando en el primer vampiro documentado de Europa, y en símbolo de cómo el terror nace de la propia imaginación colectiva.
Porque, al final, más allá de estacas o colmillos, los verdaderos vampiros son los miedos que heredamos… y que, como Jure Grando, siempre encuentran la forma de volver a levantarse.





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